Zazie en el metro fue el gran Ă©xito que catapultĂł a Raymond Queneau a la fama. La novela fue escrita en un lenguaje plagado de invenciones y giros idiomĂĄticos, que hicieron que el trabajo de traducciĂłn fuera un desafĂo para Ariel Dilon, que mantuvo y respetĂł las decisiones del autor. Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separaciĂłn de los demĂĄs. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta quĂ© es ese silencio que lo rodea. Y prĂĄcticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del dĂa, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lĂĄmparas encendidas durante el dĂa. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la soledad inviolable del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel perĂodo de mi primera soledad ya habĂa descubierto que lo que yo tenĂa que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo habĂa confirmado. El Ășnico principio de Raymond Queneau era este: Escribe, no hagas nada mĂĄs. Marguerite Duras
Zazie en el metro fue el gran Ă©xito que catapultĂł a Raymond Queneau a la fama. La novela fue escrita en un lenguaje plagado de invenciones y giros idiomĂĄticos, que hicieron que el trabajo de traducciĂłn fuera un desafĂo para Ariel Dilon, que mantuvo y respetĂł las decisiones del autor. Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separaciĂłn de los demĂĄs. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta quĂ© es ese silencio que lo rodea. Y prĂĄcticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del dĂa, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lĂĄmparas encendidas durante el dĂa. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la soledad inviolable del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel perĂodo de mi primera soledad ya habĂa descubierto que lo que yo tenĂa que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo habĂa confirmado. El Ășnico principio de Raymond Queneau era este: Escribe, no hagas nada mĂĄs. Marguerite Duras